Niños en las redes



“siglo veinte  cambalache, problemático y febril…”, supo decir el gran maestro Enrique Santos Discépolo…y el siglo veintiuno, qué?  Parafraseando  una de las estrofas de su himno, podríamos decir: “y en un mismo Facebook, todos manoseaos”

Nosotros los adultos, parece ser que no podemos prescindir de las redes sociales. En cuanto a los niños pasa lo mismo, ¿por qué? nos preguntamos, y la respuesta es que ellos son nuestro fiel reflejo, hacen lo que ven, actúan en consecuencia a lo que viven en su entorno familiar, escolar, social, en todos los ámbitos. Por otra parte, la oferta tecnológica dirigida a ellos es amplísima ( y a mi juicio, terrorífica) Por ejemplo: ya no se contentan con una bici y el casco para su protección, noo!! La Bici tiene que tener por lo menos un dispositivo para cargar el celu, no sea cosa que se queden sin carga para escuchar música o esa sarta de “retos” que proponen los youtubers que pululan en las redes. (“los youtubers”, un tema que merece un apartado especial). Pero todo esto es nuestra responsabilidad, la oferta esta, estuvo y seguirá estando, pero el consumo y el uso y abuso por parte de los niños, de estas nuevas formas de comunicación, es cuestión nuestra. ..   ¡¡¡hagámonos cargo de una buena vez!!!

¿Se acuerdan de la “caja boba”?.  Qué hacíamos al principio? Prendíamos la tele para que el nene/a se entretuviera mientras hacíamos las tareas o para que después de la escuela tuviera un poco de esparcimiento si no salía al patio a jugar o a la plaza, por ejemplo. Pero luego y con el devenir de las demandas laborales fuera del hogar para las mamas y tal vez mas horas de trabajo para los papas, el tema era “lo enchufo a la tele (léase: lo siento frente al televisor) así no me jode mientras hago los quehaceres domésticos”, (esto vale tanto para mamas como para papas). Luego aparecieron la computadora, la play station, la ex - box,  etc. etc. etc. Todo bien mientras se trata de un rato de entretenimiento, pero ya resulta casi patológico cuando se convierte en una” dependencia total” . O no les pasa? Vas un fin de semana a un lugar de esparcimiento, quéres  que salgan a tomar aire y cuando llegan al sitio lo primero que preguntan: ¿cuál será la clave del Wi fi?

Odian y sufren la desconexión de las redes aunque sólo sea por un rato. ¡Un bajón !

Y a esto, le sumamos el hecho de cómo reaccionan ante tanta dependencia y endiosamiento de las redes sociales y tecnología en general.

-¿cómo hacer valer nuestra autoridad para impedir que el celu forme parte de la mesa en los almuerzos o cenas? Y sea  “la vedette” y no “una charla familiar” que seguramente todos nos debemos.

Es difícil (no imposible). Difícil porque los chicos, hoy día no se amedrentan ante una mirada y mucho menos, se callan ante una voz mas elevada de lo común (grito). Podríamos decir que son “irrespetuosos” pero va más allá de eso, esto es producto del lugar que nosotros mismos les fuimos dando.

Los padres antes imponían respeto, a través de la mirada, por ejemplo. Y sabias que te mandabas una y “pagabas”.”Si hago tal cosa, mi papa/mama me mata”. Hoy día la cosa es “más light” (obviamente todos los extremos son malos) ellos saben que pueden hablar con nosotros, contarnos sus problemas, que los vamos a escuchar, comprender y ayudar si fuera necesario. Es decir les inspiramos confianza, pero en algunos casos tanto los padres como los chicos, nos pasamos de rosca y es ahí cuando creen que están con el compañerito u amigo y nos dan la “estocada”, se creen con derecho a hablarnos de igual a igual o en algunos casos. Hacen cambio de roles, ellos se creen los padres. No, así no. Es ahí cuando hay que ponerse firmes y apretar las clavijas para que todo vuelva a andar sobre los andariveles correspondientes.

Los niños de hoy, adolescentes y pre-adolescentes son los que entran en esta clasificación que yo suelo llamar: “celu-dependientes enredados”

Los que tenemos niños de esa edad y otros mayores, sabemos que el comportamiento era muy diferente y ……..me dirán: “bueno no había tantas cosas”, pero en realidad debemos asumir que somos nosotros quienes cambiamos, quienes tenemos el “si fácil” por estar inmersos en esta vorágine social que nos lleva a minimizar. Esta “cuesta abajo” en las relaciones con nuestros hijos, este corrimiento del eje de la educación basada en el respeto mutuo.

Bajemos un cambio y replanteémonos qué actitud tomar frente a este nuevo desafío que nos impone la era tecnológica de la comunicación, para no perder la magia y el placer de: “una conexión sin redes”

 

 

 

Liliana González Fúnez

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